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  ¿Por Qué Dios Permite el Sufrimiento?


"¿Por qué suceden cosas malas a personas buenas? Trato siempre de hacer las cosa correctamente, pero todo en mi vida me ha salido mal. He sufrido durante toda mi vida y ahora mi hija tiene leucemia. Debo haber hecho algo terrible para merecer esto".
     
      Dios no te está castigando. Él no castiga o recompensa a nadie en esta vida. Todo eso tiene que esperar a la otra vida.
     
      Muchas personas buenas sufren indeciblemente en esta existencia. El más famoso de todos fue Job, en el Antiguo Testamento. Ninguna persona ordinaria sufrió más que él. Aún así Dios le amó especialmente porque era un hombre justo. La Biblia nos narra su historia como una lección, que todos debemos de estar dispuestos a aceptar el sufrimiento.
     
      La pregunta que nos tenemos que hacer es, ¿por qué? ¿Por qué no vivir como los ángeles y ser felices para siempre?
     
      ¡Aunque no parezca cierto, así fue como todo comenzó para nosotros!
     
     

Aunque vivimos en el Paraíso donde no existía el sufrimiento, nos rebelamos contra Dios y fuimos expulsados. Ahora, gracias a Cristo nuestro Salvador, tenemos una segunda oportunidad de alcanzar la verdadera felicidad, la eterna.

No somos mantenidos fuera del Paraíso sólo porque nuestros primeros padres se rebelaron. Nosotros mismos nos rebelamos todos los días. Ninguno estamos dispuestos a aceptar la autoridad de Dios. Pensamos que sabemos mejor que Él cómo llevar a cabo nuestras vidas.

A modo de ejemplo: ¿cuántas personas piensan que el sexo fuera del matrimonio es pecado, o que tienen que amar y perdonar siempre a los enemigos, aun a los terroristas? Nadie que conozcamos. Todos permanecemos en la rebeldía. Obedecemos a Dios sólo cuando estamos de acuerdo con Él.

Desde el principio, Dios supo que quería compartir con otros seres semejantes a Él la alegría de existir que Él sentía. Él sabía que debíamos gozar de libre albedrío porque esa es la esencia de su propia naturaleza. Él no quería mascotas o juguetes, quería hijos. Él sabía que comenzaríamos en el Paraíso pero que enseguida, pensando que éramos sus iguales, nos rebelaríamos contra Él. Sabía que una vez fuera del Paraíso pasaríamos por muchas duras pruebas en este mundo nuevo para nosotros y lleno de dolor y sufrimientos.

Mas esta misma prueba de dolor y sufrimiento es nuestra salvación. Dios tiene un glorioso plan de darnos una segunda oportunidad para alcanzar el Paraíso. Él se hizo hombre verdadero y sufrió y murió para perdonarnos, aun en su infinita justicia, el imperdonable pecado de nuestra rebelión contra Dios.

Por lo tanto Dios no considera todo este sufrimiento por el que tenemos que pasar como indeseable. . Si no hubiéramos tenido el libre albedrío no hubiéramos tenido que ser arrojados del Paraíso. No habría penas ni sufrimientos. Pero era necesario que tuviéramos el libre albedrío y, por lo tanto, los sufrimientos y dolores que conlleva también eran necesarios. Eran inevitables en su Plan. Esas son las consecuencias de haber creado verdaderos hijos de Dios. Nuestras almas deben crecer y madurar como lo hacen nuestros cuerpos. Es a través de ese mantenernos firmes en la fe en Él y en el cumplimiento de sus Mandamientos, y a través de todos nuestros dolores y sufrimientos que nuestros espíritus maduran.

Usar el sufrimiento como excusa para volvernos contra Dios y erigirnos en la máxima autoridad que no le tiene que obedecer a Él es diabólico. El sufrimiento es una oportunidad de continuar en el seguimiento de los Mandamientos de la Ley de Dios, los mismos que nos trasmitió personalmente a través de Jesucristo. En esta ocasión, se espera de nosotros que nos mantengamos confiados en que Dios sabe mejor que nosotros cómo manejar su universo.

Ésta es nuestra segunda oportunidad de aceptar su autoridad.


     
     

"¿Pero si Dios nos ama como hijos suyos, por qué nos inflige tantos sufrimientos sólo porque hemos pecado contra Él? Yo no quiero que mis hijos sufran. ¿Cómo puedo continuar creyendo en Él?"

También tengo hijos. Sé que tengo que exigirles obediencia en ciertos asuntos.

No deben arrojar los platos con comida a las paredes del restaurante, deben apagar la tele e irse a la cama a cierta hora de la noche, deben asistir a la escuela aun cuando no quiera hacerlo, y así en otras cosas. Cuando desobedecen, debo castigarlos; aun cuando les amo, por su propio bien. Como sus progenitores sabemos mucho más que ellos.

Dios es nuestro Padre. Él sabe infinitamente mucho más que nosotros. Sus Mandamientos no son arbitrarios ni severos, están dados para nuestro beneficio, aunque no lo entendamos así. Si los seguimos, disfrutaremos plenamente este mundo nuestro y estaremos preparándonos apropiadamente para el otro.

Nuestro orgullo, sin embargo, nos lleva a pensar que no somos merecedores de tanto sufrimiento en esta vida. No podemos ver cómo están ahí para nuestro propio bien, y no estamos dispuestos a aceptar la palabra de Dios en este asunto. ¡Hemos heredado todo el ego, el orgullo y la terquedad que podríamos esperar del Ser Supremo del universo, pero no tenemos su poder! Él no tiene que doblegarse ante ninguna autoridad sobre Él, pero nosotros sí. Esto nos hace las cosas difíciles. NO queremos someternos a ninguna autoridad, pero tenemos que aceptar la de Él, así como nuestros chicos tienen que someterse a la nuestra.

Estás pensando como un pequeño niño que grita que odia a su mamá porque le castiga. Dios está preparándonos para una vida prolongada eternamente, igual que mamá está tratando de preparar a su chico para su vida adulta.

Para evitar esta situación Él tendría que habernos hecho sin nuestro libre albedrío. Con nuestra libertad le podemos desobedecer cuanto queramos. Pero sin libertad no seríamos sus hijos, seríamos sus pequeñas máquinas, o sus mascotas, algo así como un gato o una mosca. Pero como verdaderos hijos suyos somos herederos de una vida eterna plena de felicidad. Claro, tenemos que ganárnosla. Eso es parte de ser hijos de Dios. Pudimos haber rechazado el dolor de tener que castigar nuestros hijos, sólo decidiendo no tenerlos. Espero que puedas entender por qué ese tipo de razonamiento no puede funcionar correctamente.




El pensamiento que nos debe guiar a través de todas nuestras tribulaciones es que Dios siendo infinitamente compasivo y misericordioso, encauzará nuestras vidas para que sean la mejor manera posible de llegar al Cielo.

Tenemos la libertad para escoger lo que queramos, pero después de cada decisión nuestra Dios arreglará las cosas de tal manera que nos ofrezcan el mejor camino hacia la salvación. Ese camino puede incluir enfermedades, dolor, soledad y otras muchas cosas que nosotros no deseamos. Deberemos confiar ciegamente que el Señor sabe lo que está haciendo y tener nuestra fe puesta en Él completamente.

Dios proveerá la mejor manera para nosotros alcanzar el Cielo. Pensar de otra manera será poner límites a su amor y a su misericordia. Y eso es imposible.


[Traducido al español por Fernando O. Rivera]


Respuestas a sus cartas.




"Pertenecía a una iglesia y puse mi corazón en el clero, entonces comenzó a llover en mi vida. Problemas financieros, cuentas sin pagar, mi residencia estaba siendo embargada y no conservaba mis trabajos. Perdí hasta mis amigos de la iglesia. Se me hace muy difícil permanecer en la iglesia y conservar mi fe. ¿A dónde vamos los cristianos caídos?”

Sabemos que es casi imposible enfocarte en la vida eterna y en Dios cuando esta vida es tan dolorosa. Así nos ocurre a todos. Nuestros problemas nos inmediatos y nos presionan, y la religión pasa a un Segundo plano.

No cometas el error de pensar que Dios favorece a los creyentes con favores mundanos. ¿Olvidas lo que pasó con sus Apóstoles? Después de una existencia laboriosa trasmitiendo la Buena Nueva, fueron torturados y matados por sus creencias. Si eres cristiano por la vida fácil que Dios te pueda dar, no serás cristiano por mucho tiempo. Jesús fue categórico cuando les dijo a sus discípulos que debían esperar sólo una estadía dura y dolorosa sobre esta tierra. Dijo que aun nuestras propias familias estarían divididas contra nosotros. Ser cristiano no es fácil.

¿Recuerdas el relato del huerto de Getsemaní en los Evangelios, al que el Señor se retira a orar antes de su martirio y de su muerte? Como hombre verdadero estaba aterrorizado. Le pidió al Padre que alejara de Él todo el sufrimiento que sabía que padecería. Pero no hubo la intervención divina. Cristo tuvo que vivir dentro de los límites de su vida humana. Hombres muy poderosos le querían ver muerto y Dios, simplemente, no interfiere en los asuntos de este mundo. Todo sucede según los designios de su Plan Divino. Parte de su Plan era la pasión y la muerte de su Hijo Unigénito. Así que todo esto tenía que suceder.

Tu vida tiene que continuar también. Dios no va a intervenir para proveerte trabajo ni dinero. No es porque Él no quiera, sino porque sabe que su Plan para hacerte partícipe de la eternidad gloriosa con Él incluye todas esas dificultades en tu vida. Él sabe a dónde ibas a parar si continuabas en tu antiguo trabajo y en aquella iglesia. Él conoce exactamente a dónde se dirige tu vida ahora. Él sabe muy bien que el camino que estas recorriendo en estos momentos, aunque no sea de tu entero gusto, es el más conveniente para llegar directamente al Cielo a gozar de la eterna felicidad con Él.

Recuerda a la mujer pobre que da en ofrenda la única moneda de cobre que poseía. Alguien que la observaba se burlaba de ella por lo ínfimo de su ofrenda. Jesús dijo que Dios se satisfacía más con esa ofrenda de la mujer que con las grandes ofrendas de los ricos, porque significaba mucho para ella.

Del mismo modo, cualquier muestra de amor y de fe en Dios en estos momentos difíciles de tu vida, cuentan para Dios miles de veces más que las muestras de amor y de fe de personas ricas y acomodadas. Él es infinitamente sabio e infinitamente justo, y todo lo toma en consideración. Él conoce muy bien todas las vicisitudes por las que estas pasando y te agradece enormemente todo el amor y la fe que aún albergas en tu corazón.

Háblale todos los días de tu vida, y pídele la gracia de perseverar bajo la presión de tus problemas. Puedes pedirle que pasen de ti todos ellos, pero Él los conoce muy bien y sólo los removerá de tu vida si de ello dependiera tu salvación eterna. Sobre todo no dejes de hablarle. No olvides que Él espera que utilices todos los dones que te ha regalado, tu inteligencia y tu sentido común para tratar de hacer tu vida más llevadera.




En la iglesia oigo, “pedid y recibiréis, buscad y encontrareis”. Pero he estado pidiendo por años a Dios que me saque de mi sufrimiento, y Él ni me oye y ni me da respuesta alguna. ¿Por qué? Me considero una persona buena, ¿por que estoy padeciendo tanto?

Cuando Dios nos dice, “pide y recibirás”, debemos entender que no se refería a cosas que afectaran nuestra vida terrena. No debemos pedir dinero ni fama, ni coche Nuevo ni el premio de la lotería, ni marido bueno ni mejor trabajo, ni la cura de nuestra enfermedad y esperar la intervención divina. Eso lo haría como el genio de la lámpara, lo cual no es. Piensa en todas las personas buenas y profundamente religiosas que mueren en terremotos, pasan hambre diariamente, pierden sus familias en la guerra. Ellos también oran para nada de ésto les pase.

Estas cosas están para que las cambiemos si podemos o para que las aceptemos si no las podemos cambiar. Para eso Dios nos dio la razón y el entendimiento y nos dejó en libertad de actuar. Lo que sí nos dará, si se lo pedimos es la gracia de vivir nuestras vidas de una manera Buena y moral, de manera que merezcamos llegar a gozar de su presencia eternamente. Cuando nos dijo, “busca y encontrarás” se refería a nuestra búsqueda de Él. Si le buscamos en nuestra conversación diaria y haciendo su voluntad, ciertamente que le encontraremos a la hora de nuestra muerte, sino más temprano.

No me mal entiendas. Dios no se opone a que le pidamos; esto demuestra que nos acordamos de Él y que nos consideramos dependientes de Él al hacerlo. Él contestará nuestras oraciones siempre y cuando el hacerlo nos lleve a alcanzar la vida eterna.

Ante todo, tenemos que tener la certeza que todo lo que nos pasa es por voluntad suya y, siendo así que nos ama, es lo mejor que nos puede estar pasando. No lo que nosotros consideramos lo mejor, sino lo que Él sabe que es lo mejor. Esto es muy difícil de aceptar cuando tantas cosas en nuestras vidas están saliendo terriblemente mal. Verdaderamente que tenemos que orar fervientemente para mantener nuestra fe en su amor.

La oración no es la recitación inconsciente de fórmulas y frases escritas por otros. Es una experiencia espiritual, íntima, de su presencia en nuestra vida y de nuestro deseo sincero de compartir con Él toda nuestra existencia. Es la relación de padre-hijo en la que la comunicación es a veces con palabras y en ocasiones sin palabras, pero siempre está ahí.




"Soy el único que trabaja en casa, pero no veo el producto de mi esfuerzo, pues siempre estoy atrasado en el pago de mis cuentas."

Hasta este momento se ve que has mantenido tu familia unida, les has provisto de alimento y de un techo bajo el que guarecerse. ¿Y dices que no es mucho lo que haces? ¡Todo eso es un verdadero logro!

Cuando mueras, no serás juzgado por cuánto dinero hiciste ni por cuántas veces el pago de la renta se te atrasó. Nada de eso tendrá importancia alguna. Serás juzgado por los cuidados que prodigaste a otras personas, por la alegría que llevaste a sus vidas, por las heridas que pudiste sanar. Todo lo que tienes que hacer es tratar lo mejor que puedas. Serás juzgado por lo tenazmente que trataste de obedecer los mandatos de Dios y los de tu conciencia.

Cada sonrisa que alguien te ofrezca a cambio de una palabra bondadosa tuya será un valioso tesoro que llevarás contigo al Cielo. Cada buena obra que hagas te será recompensada mil por uno por Dios. Puedes amasar grandes fortunas aquí en la tierra aun sin acumular un solo centavo en dinero; y la mejor parte es que tendrás toda la eternidad para gastarla.




BENDITOS, TAMBIÉN, LOS QUE SUFREN:


ellos serán consolados.
Cuán benditos son esos que fueron bruñidos, como el oro,
por el fuego del crisol.
Sus cuerpos y sus almas
están mas refinados que el oro o la plata
que sale del reverbero,
y el Padre celestial les provee de frutos abundantes al tiempo de la cosecha,
como de un sarmiento bien podado cargado de uvas.
"Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador.
Todo sarmiento que en mí no da fruto
lo corta y todo el que da fruto, lo poda
para que de más fruto.”
(Juan 15:1-2)

Él es como el maestro artífice
que desbasta el bloque de mármol
y no descansa hasta que le saca la obra maestra que ha pensado crear.
En tus dolencias y tristezas, en tus pruebas y tribulaciones,
no llores ni te lamentes.
Mejor regocíjate y alégrate,
“porque Dios te ha probado y te ha encontrado digno de Él”.

(Sabiduría 3:5)





(Traducido al español por Fernando O. Rivera. )

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